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Un cambio para Ancares

Un cambio para Ancares

Teixedal de Burbia. Foto: ENABIO.

 

El río Burbia baja con sus aguas oscurecidas por las cenizas, como ocurriera hace dos años con el Cúa en Fornela. En los suelos quemados las precipitaciones drenan rápidamente al no ser frenadas por la vegetación y llegan con facilidad a los caudales, arrastrando partículas y cenizas. Han sido esas mismas lluvias las que han puesto fin a una serie de incendios (hasta ocho) que han asolado gran parte de Ancares durante quince días, prácticamente sin interrupción: Tejeira, las proximidades de Campo del Agua, Prado de la Somoza, La Bustarga, Villar de Acero, Balouta,….

Las llamas han afectado a zonas de gran valor ecológico, a algunos de los más valiosos bosques como la Morteira Pedra Cabalar o el Monte Barantés, y a algunas conocidas zonas oseras. Ha alcanzado las fuentes medicinales en Tejeira y amenazando aldeas como Campo del Agua, declarada BIC, y que ya sufrió en 1989 un incendió que acabó con la mayoría de sus 22 pallozas y que ninguna administración después de dos décadas se ha interesado en recuperar.

La actitud de la Junta de Castilla y León ante lo ocurrido ha ido variando. Inicialmente la estrategia consistió en restar importancia a la situación, con la socorrida excusa de que la superficie quemada era sólo matorral. Como si junto con el piorno no se destruyeran también árboles y arbustos jóvenes que representan la posibilidad de recuperación del bosque, o como si no fuera precisamente en el matorral de orla donde existe una mayor cantidad de frutos de los que se alimenta la fauna silvestre y su desaparición no incidiera en la supervivencia de aquella. Pero, finalmente, ha tenido que admitir lo evidente: el daño ecológico producido y la gravedad de lo ocurrido.

Deberá hacerse todo lo posible desde luego por identificar a los autores materiales de estos incendios, que seguramente se encuentren entre quienes de algún modo pueden obtener beneficios quemando; pero no deberíamos desaprovechar esta oportunidad para reflexionar sobre lo que no se está haciendo bien con relación a este bellísimo pero castigado territorio del occidente cantábrico.

Con relación al primer aspecto, responsabilidades penales aparte, es exigible la aplicación más estricta de las restricciones que la legislación de montes contempla para los terrenos quemados, como la prohibición de cualquier tipo de aprovechamiento (ganadero, cinegético) en las zonas afectadas y colindantes.

Por lo que se refiere al segundo aspecto, son numerosos los colectivos que han denunciado los recortes presupuestarios en materia forestal y de prevención y extinción de incendios, la privatización y subcontratación de los servicios de extinción, o que, por ejemplo, se llegara a prescindir de la mayoría los trabajadores fijos discontinuos a pesar del seco y caluroso mes de octubre. Fomento y Medio Ambiente debería reconsiderar seriamente su política y sus prioridades presupuestarias.

No podemos dejar de señalar que, aunque nos encontramos en una zona perteneciente a la Red Natura 2000 (LIC y ZEPA), que es además Reserva de la Biosfera, la Sierra de Ancares sigue sin contar hoy con Plan de Ordenación de Recursos Naturales (PORN), tan necesario para evitar el progresivo deterioro del espacio y requisito previo para su declaración como Espacio Protegido en Castilla y León. Y ello a pesar de que desde el año 1990 este territorio se encuentra sometido a un régimen de protección preventiva cuya declaración implica, según la Ley 8/1991 de espacios naturales de Castilla y León, la aprobación del PORN en un plazo máximo de dos (sic) años. No estamos hablando sólo de la conservación de los recursos naturales, sino también de abrir toda una serie de posibilidades de desarrollo socioeconómico. En fin, cada cierto tiempo tenemos noticias de dicho Plan: por mencionar alguna de ellas, la Consejería de Medio Ambiente hizo público en su día (Diario de León, 27/10/2003) que antes de que finalizara 2005 se habría aprobado el Plan de Ordenación y declarado el espacio. Tendremos que esperar. ¿Hay responsables de esta situación?. Este espacio natural no puede seguir siendo, ni sólo ni principalmente, una simple Reserva de Caza.

La Comisión de Agricultura del Congreso de los Diputados debatió el 4 de abril de 1990 una propuesta del diputado Núñez Casal (justo es mencionar su nombre) para que Los Ancares fueran declarados Parque Nacional. La iniciativa, sólidamente fundamentada en los valores naturales de la zona, como sus extraordinarios bosques atlánticos de robles, tejos y acebos, no salió adelante, con el argumento de que las comunidades autónomas implicadas, en lo que nos atañe la comunidad de Castilla y León, serían las encargadas de otorgar algún régimen de protección a este espacio. El recordatorio histórico nos muestra lo que las cosas pudieron ser y lo que las cosas son en la realidad.

Con razón, el Consorcio de la Reserva de la Biosfera ha manifestado su preocupación por unos incendios que “ponen en peligro los valores por los cuales se tiene dicha distinción”. El actual es un mal escenario porque al daño ambiental producido por los incendios hay que sumar los perjuicios económicos derivados de un previsible impacto negativo en actividades relacionadas con el turismo de la naturaleza.

A Ancares le quedan ya pocas oportunidades de encauzar un futuro basado en el turismo sostenible y la conservación de sus valores naturales y culturales. No debería desaprovecharlas.

 

Publicado en el Diario de León, 9-11-2011. José Andrés Martínez García.

VER: Artículo: Un cambio para Ancares; Diario de León.

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