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Las Grullas en la Moheda Alta (Badajoz)

 

Puede decirse que la grulla común (Grus grus) vive por encima de las fronteras. Nos encontramos ante una especie viajera cuyos movimientos migratorios cada año llegan a superar los cuatro mil kilómetros en cada trayecto.

Se trata de un ave muy querida en numerosas culturas. En el norte de Europa se realizan actos multitudinarios de bienvenida cuando regresan de su viaje migratorio, antes de comenzar la reproducción. En los últimos años se organizan actividades similares en nuestros territorios de invernada, caso de Gallocanta (Zaragoza) o, destacadamente, Extremadura.

Procedentes de los territorios de cría en el Báltico y Escandinavia comienzan a llegar a la Península en octubre por los Pirineos, rumbo en su mayoría a las dehesas de encina y llanuras cultivadas de Extremadura y Portugal (otras se reparten por Castilla y León y Andalucía). El premio: un extenso paraíso mediterráneo generoso en alimento.

Al cruzar los Pirineos las grullas se concentran en la Laguna de Gallocanta. Algunas se quedan aquí todo el invierno pero la mayoría se desplaza hacia el sur, instalándose a finales de noviembre en el suroeste peninsular. Una pequeña parte utiliza una ruta alternativa por el oeste, pasando por la Laguna de Villafáfila (Zamora) para luego entrar en Extremadura a través de la Sierra de Gata, o bien ir a Portugal. Unas pocas continuarán hacia el Sur para, cruzando el estrecho de Gibraltar, invernar en Marruecos.

Al final del invierno las grullas realizarán el viaje de vuelta hacia sus lugares de cría en el norte de Europa. La migración prenupcial, que es más rápida y directa, se produce desde mediados de febrero hasta finales de marzo siguiendo la misma ruta de llegada.

El 80% de las grullas que llegan a la Península Ibérica eligen Extremadura como lugar de invernada. Sumados los efectivos que recalan en invierno en todas las zonas grulleras de Extremadura la cifra supera las 100.000 aves, según el censo de 2012.

El último fin de semana de Noviembre se organiza en el Parque Periurbano de Conservación y Ocio Dehesa de Moheda Alta (Navalvillar de Pela; Badajoz) el Festival de las Grullas. Se trata de un lugar especialmente acondicionado para la observación de la especie. La comarca, conocida como Vegas Altas del Guadiana, se ha convertido en los últimos años en uno de los principales cuarteles de invernada de grulla de Europa Occidental.

El Parque, que cuenta con un centro de interpretación temático sobre la grulla y la dehesa, alberga un  encinar que se extiende entre los regadíos de la zona, de manera que el espacio natural y su entorno ofrece comederos, sesteaderos y dormideros para la especie.

Dependiendo del momento de invernada la grulla cambia su dieta: durante las primeras semanas se centra en los restos de maíz y arroz de los rastrojos; más tarde, cuando la despensa de la rastrojera escasea, aprovecha bulbos, hierbas y tubérculos; para decantarse finalmente por las bellotas caídas en las dehesas.

El uso público del espacio natural se encuentra organizado en torno a dos rutas propuestas: - El Majadal (que conduce al observatorio del mismo nombre y luego hasta el embalse “Moheda Alta”) y – El Convenio.

El hábitat predominante es la dehesa, estando las encinas acompañadas por especies como la jara rizada (Cistus crispus), la jara negra (Cistus monspeliensis), el cantueso (Lavandula stoechas), y el torvisco (Daphne gnidium), entre otras. Los pastizales albergan una notable diversidad de flora (de la que se puede disfrutar en primavera), con buenas poblaciones de orquídeas entre las que sobresale la serapias verde (Serapias perez-chiscanoi), clasificada como "vulnerable" en la Lista Roja de la Flora Vascular Española.

En estas dehesas también son frecuentes rapaces como el Elanio Azul (Elanus caeruleus), el Aguilucho Cenizo (Circus pygargus) y aves zancudas como la Cigüeña Blanca (Ciconia ciconia), Cigüeña Negra (Ciconia nigra) y la Garza Real (Ardea cinerea).

Sin duda uno de los placeres que se nos ofrece en invierno es precisamente la contemplación de las siluetas de los bandos de grullas al contraluz del atardecer, volando en medio de una inconfundible algarabía que permite a las aves rezagadas orientarse, casi a oscuras, a esas horas. Y es muy recomendable hacerlo en un lugar que alberga la población invernante más numerosa de toda la región y una de las más importantes de la Península Ibérica.

 

 

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