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Lecturas: El niño que soñaba con el infinito. Jean Giono.

Lecturas: El niño que soñaba con el infinito. Jean Giono.

El niño que soñaba con el infinito, cuento de Giono editado por Duomo.

 

Uno se daba cuenta por el vuelo de los pájaros. Los patos salvajes pasaban con una lentitud tan majestuosa por el cielo que uno se veía obligado a imaginar la grandeza de las extensiones sobre las que se paseaban así, midiendo fuerzas. Los arrendajos, las abubillas, los herrerillos comunes, incluso las urracas, que desplegaban dameros al alzar el vuelo, y los cuervos, que se volvían verdes en pleno sol, mostraban, a través de la variedad de su plumaje y de sus colores, todos ellos vivos y barnizados, que el país era sin duda alguna muy bello, ya que había obligado a los pájaros a vestir unos ropajes tan magníficos para vivir allí (…).

Se reunían en grandes ovillos al atardecer y su bandada era como un balón elástico que rebotaba de la pradera al follaje y de follaje en follaje. Pero para qué seguirlos con la mirada si a veces, cuando saltaban muy alto en el cielo, se ponían a chillar como un cuchillo que corta un limón, exaltados por la alegría que sentían, sin duda, al ver en ese momento el atardecer azul extenderse por el infinito del país. Mientras que abajo, en los caminos bordeados de setos, no había más que una sombra gris que sólo servía para apartar los pies de las piedras o de las viejas roderas endurecidas.(…).

 [Ese infinito]…era como un inmenso tapiz sobre el que los colores dibujaban formas: cuadrados, triángulos, rectángulos, rombos, o bien grandes formas con sus numerosos lados. Todas esas formas estaban cosidas las unas a las otras, como las piezas de la bonita alfombra para los pies de la cama que su madre había hecho con retales de tela. Había labranzas, prados, campos, vergeles y bosques. Y el tapiz llegaba hasta donde alcanzaba a ver. Lo que más asombró al niño fue darse cuenta de que sus ojos alcanzaban a ver tan lejos. De repente comprendió qué significaba la expresión  “hasta perderse de vista”. Era muy lejos. Incluso tanto que tal vez no existiera. Porque su propia vista no se perdía, simplemente llegaba hasta el lugar donde el tapiz del infinito se juntaba con el tapiz del cielo. La vista no podía llegar más lejos, porque no podía pasar entre dos tapices unidos.(…).

El niño sabía muy bien qué era un herrerillo común de cabeza azul: es un pajarillo que se reúne en tropel alrededor de los parajes donde hay colmenas (no porque se alimente de la miel, sino porque se alimenta de las abejas), un pajarillo que, cuando huye, parece un relámpago azul. Y cuando toda una bandada huye, ¡qué hermoso relámpago debe de parecer!.Y, en efecto, resulta que en ese momento empezaron a brillar enormes destellos azules alrededor de todas las granjas. Y mientras en el infinito brillaban destellos azules de las granjas con abejas, las alas de margarita de los molinos de viento daban vueltas, los tejados de los pueblos se enrojecían a través de la vegetación (que eran árboles), los lagos espejeaban, los ríos corrían...

 

El niño que soñaba con el infinito. Jean Giono.

 

Para trabajar el texto:

¿Qué quiere decir la expresión “soñar con el infinito”?

El niño sueña con volar. No se conforma con transitar por los caminos y anhela ese dominio del infinito, “hasta perderse de vista”, que en la naturaleza solo las aves poseen.

 ¿De qué forma poética el autor explica la belleza del país?

A través de la belleza del las aves que aparecen (“el país era sin duda alguna muy bello, ya que había obligado a los pájaros a vestir unos ropajes tan magníficos para vivir allí”).

¿Como se describe ese “infinito”, desde el punto de vista del paisaje?

Como un inmenso tapiz, un mosaico de campos de labranza, prados, vergeles y bosques.

¿Qué aves se mencionan en el texto? ¿Qué relación guarda el herrerillo común con las abejas?

Patos, arrendajos, abubillas, herrerillos comunes, urracas y cuervos.

 El herrerillo común es un insectívoro y por lo tanto (al igual que ocurre con otras aves como los abejarucos) es un consumidor habitual no solo de abejas sino también de otros insectos.

 

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Alicia y la Amanita muscaria

Alicia y la Amanita muscaria

 Amanita muscaria, la seta de Alicia junto a la portada de la edición de Edelvives ilustrada por Rébecca Dautremer.

 

¿Aparecen indicios de consumo de sustancias alucinógenas en Alicia en el país de las maravillas (1865)?. Hay motivos para creerlo. Desde el primer capítulo se producen cambios y transformaciones en el tamaño de la protagonista, bien por ingerir dulces, bebidas, o setas.

Aunque a los anglosajones se les considera micófobos por tradición, en este libro el escritor y matemático inglés Lewis Carroll (Charles Lutwidge Dogson) presenta a una Alicia aplicada en el consumo de setas para aumentar y disminuir de estatura:

 

¿Qué puedo hacer? Supongo que tengo que comer o beber alguna cosa pero ¿qué?.  Ese "qué" era la cuestión que había que resolver.

Con calma, Alicia examinó las flores y la hierba, sin saber qué era lo que, en tales circunstancias, podría ser la comida o la bebida adecuada. Luego se acercó a una seta de aproximadamente su mismo tamaño. La inspeccionó por debajo, por los lados y por detrás y, de pronto, se le ocurrió tratar de ver lo que había por encima. Se puso de puntillas para echar una ojeada, entonces su mirada se cruzó con una enorme oruga azul que estaba sentada con los brazos cruzados en el centro de la seta, fumando tranquilamente un narguile, sin demostrar el más mínimo interés por nada de lo que sucediera a su alrededor. (…)

Esta vez, Alicia esperó pacientemente a que la oruga decidiera volver a dirigirle la palabra. Al cabo de un par de minutos, esta se sacó el narguile de la boca, dio un par de bostezos y se estiró. Luego, bajó de la seta y se alejó reptando por la hierba. A modo de despedida, se limitó a decir:

- Uno de los lados te hará crecer, y el otro te hará menguar.

-“¿Uno de los lados de qué? ¿El otro lado de dónde?”, se preguntó Alicia.

-¡De la seta! – respondió la oruga, como si Alicia hubiera hecho la pregunta en voz alta, y luego desapareció.

Alicia pasó un rato contemplando la seta, tratando de adivinara dónde tendría los dos lados. Como era perfectamente redonda, la solución no era nada fácil; pero al final rodeó el hongo con los dos brazos y las dos manos y arrancó un trozo de cada extremo.

-“Y ahora, ¿cuál será el bueno?”,  se preguntó, dando un mordisquito al trozo que tenía en la mano derecha. Al momento, notó que la barbilla chocaba bruscamente con los pies.

Se llevó un susto de muerte por aquel repentino resultado, y comprendió que estaba menguando muy rápidamente; así pues, sin un segundo que perder, decidió probar el otro trozo. La barbilla estaba tan aplastada contra los pies que apenas pudo abrir la boca, pero al final logró morder el pedazo de la mano izquierda.

-¡Por fin tengo la cabeza libre!- dijo aliviada, pero casi al instante, el alivio se convirtió en preocupación: ¡ Le habían desaparecido los hombros! Todo lo que alcanzaba a  ver era un cuello desmesuradamente largo que parecía brotar como el tallo de una planta descomunal del bosque que se extendía a sus pies.

“¿Dónde se habrán medito  mis hombros? – se preguntó Alicia-. ¡Oh, pobres manitas mías! ¿Cómo es que ya no las veo?”. Las agitó mientras hablaba, pero no notó nada, salvo un ligero temblor entre las hojas de los árboles.

Como, por lo que se veía, no iba a poder subir las manos a la cabeza, intentó bajar la cabeza hasta las manos y descubrió encantada que podría retorcer el cuello en todas direcciones, como una serpiente.  (…)

Luego recordó que todavía conservaba los trocitos de seta, y se puso a mordisquearlos con mucho cuidado, primero uno, luego el otro, y crecía unas veces, menguaba otras, hasta  que consiguió recuperar su estatura normal. La había pedido hace tanto tiempo que al principio le costó adaptarse. Pero en seguida se acostumbró y volvió a charlar consigo misma.

- ¡Ya está!

- ¡He cumplido la mitad de mi plan! Realmente estas transformaciones son extraordinarias: nunca sé lo que va a ser de mí de un minuto a otro. Pero bueno, ya tengo mi tamaño de siempre. Ahora sólo me queda entrar en el jardín maravilloso…¿Cómo lo conseguiré?.

(...) Primero, cogió la llave y abrió la puerta que daba al jardín. Luego, se puso a mordisquear la seta (aún conservaba algunos trozos en los bolsillos), hasta que menguó a la mitad de su tamaño. Entonces, cruzó el pasillo y, por fin, entró en el maravilloso jardín de flores multicolores y fuentes de agua fresca".

Alicia en el País de las Maravillas. Lewis Carroll.

 

En los textos citados encontramos dos observaciones muy concretas referidas al uso de enteógenos y sus efectos. Por un lado, la oruga sentada sobre un gran hongo se encuentra fumando una pipa oriental (narguile), como es usada por los fumadores de opio. Debe recordarse que en la época de la sociedad victoriana inglesa, esta sustancia era legal. Por otro lado, la oruga recomienda a Alicia el consumo de una seta que, por sus efectos, bien podría ser la Amanita muscaria, extremadamente abundante en las Islas Británicas (sobre todo en los bosques de abedul). En Las aventuras de Alicia bajo la Tierra, el manuscrito original de Carrol, la oruga le dice a Alicia que la cabeza de la seta la hará crecer y el pie menguar.

Las visiones que el autor hace tener a Alicia son similares a las producidas por esta especie: alteraciones sensoriales y espaciales. Amanita muscaria produce macropsia o micropsia, un trastorno neurológico que altera la visión de las proporciones de las cosas. Es cierto que estos síntomas pueden estar relacionados con la migraña  y con ciertas infecciones víricas, pero también con el consumo de drogas psicoactivas como el LSD o ciertos hongos.

De hecho el llamado Síndrome de Todd o Síndrome de Alicia en el País de las Maravillas (SAPM) se caracteriza por este tipo de trastornos complejos de la percepción visual que incluyen de forma más completa:

  • Alteraciones en la forma (metamorfopsia), tamaño (macropsia, micropsia) y situación espacial de los objetos (teleopsia, efecto zoom).
  • Distorsión de la imagen corporal (macro y microsomatognosia, dualidad física o somatopsíquica).
  • Otras ilusiones visuales raras como fenómenos de visión invertida, palinopsia (imágenes múltiples), acromatopsia (visión sin color), prosopagnosia (incapacidad de reconocer caras), pérdida de visión estereoscópica (alestesia óptica), etc.

Todo indica que algunos de estos síntomas podrían ser sobradamente conocidos por Lewis Carroll. En primer lugar porque padecía, según parece, migraña crónica; en segundo lugar porque es probable que, para combatir los fuertes dolores de cabeza, hubiera tomado láudano (medicamento común de la época compuesto por vino blanco, opio y azafrán) que, ingerido en grandes dosis, tiene efectos psicotrópicos. Por último, el autor, años antes de escribir Alicia, había viajado por el norte de Europa y Siberia, donde pudo haber sabido del efecto enteogénico de la Amanita muscaria.

Se ha especulado sobre si Lewis Carroll escribió Alicia en el País de las Maravillas bajo la influencia de alguna sustancia psicodélica, pero de lo que no cabe duda es que, por las referencias que aparecen en la obra, describió a través de sus personajes una sintomatología asociada tipicamente a los efectos de ciertas drogas y hongos alucinógenos. 

 

Carbayeda de El Tragamón

Carbayeda de El Tragamón

 Ejemplar momumental de Quercus robur. Foto: ENABIO.

 

Los bosques mixtos de carbayos (Quercus robur) y abedules (Betula pubescens subsp. celtiberica) constituyen la vegetación potencial de gran parte del territorio asturiano de clima oceánico. Estas carbayedas acidófilas (Blechno spicanti-Quercetum roboris) son exclusivas de los territorios galaico-asturianos, extendiéndose desde el norte de Lugo hasta el valle del Pas. El roble aparece aquí acompañado por castaños y, en los pisos termo y mesotemplado (con temperaturas suaves durante todo el año), es frecuente asimismo la presencia de laurel (facies del laurel). En el estrato arbustivo encontramos perales silvestres (Pyrus cordata), arraclán (Frangula alnus), acebo (Ilex aquifolium), avellano (Corylus avellana) y salgueras negras (Salix atrocinerea), así como matas como el arándano (Vaccinium myrtillus), el rusco (Ruscus aculeatus), la nueza negra (Tamus communis) o la zarzaparrilla (Smilax aspera). La orla herbácea natural de estos bosques se caracteriza por la presencia de plantas endémicas de los territorios noroccidentales como los pajaritos (Linaria triornithophora), Omphalodes nitida, o Saxifraga spathularis, junto con otras de distribución más amplia como Lathyrus niger o Teucrium scorodonia.

Aún quedan buenos ejemplos de estas carbayedas, sobre todo en la franja costera, como es el caso de la Carbayeda de El Tragamón, pequeño (unas 4 Ha) bosque adehesado situado en el Concejo de Gijón, atravesado por la carretera local que va de Castiello a Cabueñes. Cuenta con carbayos centenarios, razón por la cual ha sido declarada Monumento Natural (Red Regional de Espacios Naturales Protegidos), siendo igualmente declarado Lugar de Importancia Comunitaria (Red Natura 2000). La carbayeda o carbayera ha sido explotada durante 300 años con aprovechamiento de la madera (trasmochado), frutos (bellotas), rozo y pastos.

A pesar de su reducido tamaño, esta carbayeda destaca por el gran número de aves que se pueden encontrar en su interior, contando con la presencia ocasional del pico menor (Dendrocopos minor); entre los invertebrados, destaca la relativa abundancia del ciervo volante (Lucanus cervus).

 

El estanque de Linneo en el Real Jardín Botánico de Madrid.

El estanque de Linneo en el Real Jardín Botánico de Madrid.

Estatua y estanque de Linneo. Al fondo, el Pabellón Villanueva. Foto: ENABIO.

 

"Nomina si nescis, perit et cognitio rerum". Carl von Linné.

 

Uno de los rincones más conocidos y encantadores del Real Jardín Botánico de Madrid es el Estanque de Linneo, estanque que se encuentra rodeado de algunos árboles notables, entre los que cabe mencionar una secuoya (Sequoiadendron giganteum), un cedro del Líbano (Cedrus libani) y un abeto del Cáucaso (Abies normanniana).

En la estatua de Linneo aparecen los nombres de ilustres botánicos: Antonio José Cavanilles, Mariano Lagasca (que dirigió el Real Jardín Botánico), Clemente y Rubio (también director del RJBM), Jordán de Asso, José Antonio Pavón, Hipólito Ruíz, o José Celestino Mutis.

Mientras Ruiz y Pavón son conocidos por su participación en la Expedición Botánica al Virreinato del Perú (1777-1788), Celestino Mutis lo es, entre otros aspectos, por haber dirigido la Expedición Botánica al Nuevo Reino de Granada (territorio que englobaba las actuales Colombia, Ecuador, Panamá y Venezuela). La Expedición, que se inició en 1783, se prolongaría durante unos treinta años. Las láminas realizadas a lo largo de la misma se consideran de una calidad excepcional, hasta el punto de que uno de sus dibujantes (Francisco Javier Matís) fue calificado por Humboldt como “el mejor ilustrador botánico del mundo”.

También aparece nombrado el botánico sueco Pehr Löfling, uno de los alumnos más queridos de Linneo (de hecho uno de sus diecisiete “apóstoles”). Al mando de un pequeño grupo de naturalistas, Löfling participaría en 1754 (dos años antes de la fundación del Real Jardín Botánico) en la Expedición de Límites al Orinoco (Venezuela), la primera expedición científica enviada a América en el siglo XVIII.

Padre de la nomenclatura binomial de los seres vivos, a Linneo se le atribuye la cita que encabeza este comentario: "Si ignoras el nombre de las cosas, desaparece también lo que sabes de ellas".



Iris (Real Jardín Botánico de Madrid)

Galería de algunas de las variedades de lirios (Iris) del Real Jardín Botánico de Madrid. Fotos: ENABIO.

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Lecturas: Las cigüeñas. Andersen.

Lecturas: Las cigüeñas. Andersen.

Cigüeña blanca (Ciconia ciconia)


Sobre el tejado de la casa más apartada de una aldea había un nido de cigüeñas. La cigüeña madre estaba posada en él, junto a sus cuatro polluelos, que asomaban las cabezas con sus piquitos negros, pues no se habían teñido aún de rojo. A poca distancia, sobre el vértice del tejado, permanecía el padre, erguido y tieso; tenía una pata recogida, para que no pudieran decir que el montar la guardia no resultaba fatigoso. Se hubiera dicho que era de palo, tal era su inmovilidad. «Da un gran tono el que mi mujer tenga una centinela junto al nido -pensaba-. Nadie puede saber que soy su marido. Seguramente pensará todo el mundo que me han puesto aquí de vigilante. Eso da mucha distinción». Y siguió de pie sobre una pata.

Abajo, en la calle, jugaba un grupo de chiquillos, y he aquí que, al darse cuenta de la presencia de las cigüeñas, el más atrevido rompió a cantar, acompañado luego por toda la tropa:

Cigüeña, cigüeña, vuélvete a tu tierra

más allá del valle y de la alta sierra.

Tu mujer se está quieta en el nido,

y todos sus polluelos se han dormido.

El primero morirá colgado,

el segundo chamuscado;

al tercero lo derribará el cazador

y el cuarto irá a parar al asador.

-¡Escucha lo que cantan los niños! -exclamaron los polluelos-. Cantan que nos van a colgar y a chamuscar.

-No se preocupen -los tranquilizó la madre-. No les hagan caso, déjenlos que canten.

Y los rapaces siguieron cantando a coro, mientras con los dedos señalaban a las cigüeñas burlándose; sólo uno de los muchachos, que se llamaba Perico, dijo que no estaba bien burlarse de aquellos animales, y se negó a tomar parte en el juego. Entretanto, la cigüeña madre seguía tranquilizando a sus pequeños:

-No se apuren -les decía-, miren qué tranquilo está su padre, sosteniéndose sobre una pata.

-¡Oh, qué miedo tenemos! -exclamaron los pequeños escondiendo la cabecita en el nido.

Al día siguiente los chiquillos acudieron nuevamente a jugar, y, al ver las cigüeñas, se pusieron a cantar otra vez.

El primero morirá colgado, el segundo chamuscado.

-¿De veras van a colgarnos y chamuscamos? -preguntaron los polluelos.

-¡No, claro que no! -dijo la madre-. Aprenderán a volar, pues yo les enseñaré; luego nos iremos al prado, a visitar a las ranas. Verán cómo se inclinan ante nosotras en el agua cantando: «¡coax, coax!»; y nos las zamparemos. ¡Qué bien vamos a pasarlo!

-¿Y después? -preguntaron los pequeños.

-Después nos reuniremos todas las cigüeñas de estos contornos y comenzarán los ejercicios de otoño. Hay que saber volar muy bien para entonces; la cosa tiene gran importancia (...).

-Pero después nos van a ensartar, como decían los chiquillos. Escucha, ya vuelven a cantarlo.

-¡Es a mí a quien deben atender y no a ellos! –les regañó la madre cigüeña-. Cuando se hayan terminado los grandes ejercicios de otoño, emprenderemos el vuelo hacia tierras cálidas, lejos, muy lejos de aquí, cruzando valles y bosques. Iremos a Egipto, donde hay casas triangulares de piedra terminadas en punta, que se alzan hasta las nubes; se llaman pirámides, y son mucho más viejas de lo que una cigüeña puede imaginar. También hay un río, que se sale del cauce y convierte todo el país en un cenagal. Entonces, bajaremos al fango y nos hartaremos de ranas.

-¡Ajá! -exclamaron los polluelos.

-¡Sí, es magnífico! En todo el día no hace uno sino comer; y mientras nos damos allí tan buena vida, en estas tierras no hay una sola hoja en los árboles, y hace tanto frío que hasta las nubes se hielan, se resquebrajan y caen al suelo en pedacitos blancos. Se refería a la nieve, pero no sabía explicarse mejor.

-¿Y también esos chiquillos malos se hielan y rompen a pedazos? -preguntaron los polluelos.

-No, no llegan a romperse, pero poco les falta, y tienen que estarse quietos en el cuarto oscuro; ustedes, en cambio, volarán por aquellas tierras, donde crecen las flores y el sol lo inunda todo.

Transcurrió algún tiempo. Los polluelos habían crecido lo suficiente para poder incorporarse en el nido y dominar con la mirada un buen espacio a su alrededor. Y el padre acudía todas las mañanas provisto de sabrosas ranas, culebrillas y otras golosinas que encontraba. ¡Eran de ver las exhibiciones con que los obsequiaba! Inclinaba la cabeza hacia atrás, hasta la cola, castañeteaba con el pico cual si fuese una carraca y luego les contaba historias, todas acerca del cenagal.

-Bueno, ha llegado el momento de aprender a volar -dijo un buen día la madre, y los cuatro pollitos hubieron de salir al remate del tejado. ¡Cómo se tambaleaban, cómo se esforzaban en mantener el equilibrio con las alas, y cuán a punto estaban de caerse!

-¡Fíjense en mí! -dijo la madre-. Deben poner la cabeza así, y los pies así: ¡Un, dos, Un, dos! Así es como tendrán que comportarse en el mundo.

Y se lanzó a un breve vuelo, mientras los pequeños pegaban un saltito, con bastante torpeza, y ¡bum!, se cayeron, pues les pesaba mucho el cuerpo.

-¡No quiero volar! -protestó uno de los pequeños, encaramándose de nuevo al nido-. ¡Me es igual no ir a las tierras cálidas!

-¿Prefieres helarte aquí cuando llegue el invierno? ¿Estás conforme con que te cojan esos muchachotes y te cuelguen, te chamusquen y te asen? Bien, pues voy a llamarlos.

-¡Oh, no! -suplicó el polluelo, saltando otra vez al tejado, con los demás.

Al tercer día ya volaban un poquitín, con mucha destreza, y, creyéndose capaces de cernerse en el aire y mantenerse en él con las alas inmóviles, se lanzaron al espacio; pero ¡sí, sí...! ¡Pum! empezaron a dar volteretas, y fue cosa de darse prisa a poner de nuevo las alas en movimiento. Y he aquí que otra vez se presentaron los chiquillos en la calle, y otra vez entonaron su canción:

¡Cigüeña, cigüeña, vuélvete a tu tierra!

-¡Bajemos de una volada y saquémosles los ojos! -exclamaron los pollos- ¡No, déjenlos! -replicó la madre-. Fíjense en mí, esto es lo importante: -Uno, dos, tres! Un vuelo hacia la derecha. ¡Uno, dos, tres! Ahora hacia la izquierda, en torno a la chimenea. Muy bien, ya vais aprendiendo; el último aleteo, ha salido tan limpio y preciso, que mañana los permitiré acompañarme al pantano. Allí conocerán varias familias de cigüeñas con sus hijos, todas muy simpáticas; me gustaría que mis pequeños fuesen los más lindos de toda la concurrencia; quisiera poder sentirme orgullosa de ustedes. Eso hace buen efecto y da un gran prestigio.

-¿Y no nos vengaremos de esos rapaces endemoniados? -preguntaron los hijos.

-Déjenlos gritar cuanto quieran. Ustedes se remontarán hasta las nubes y estarán en el país de las pirámides, mientras ellos pasan frío y no tienen ni una hoja verde, ni una manzana.

-Sí, nos vengaremos -se cuchichearon unos a otros; y reanudaron sus ejercicios de vuelo.

De todos los muchachuelos de la calle, el más empeñado en cantar la canción de burla, y el que había empezado con ella, era precisamente un rapaz muy pequeño, que no contaría más allá de 6 años. Las cigüeñitas, empero, creían que tenía lo menos cien, pues era mucho más corpulento que su madre y su padre. ¡Qué sabían ellas de la edad de los niños y de las personas mayores! Este fue el niño que ellas eligieron como objeto de su venganza, por ser el iniciador de la ofensiva burla y llevar siempre la voz cantante. Las jóvenes cigüeñas estaban realmente indignadas, y cuanto más crecían, menos dispuestas se sentían a sufrirlo. Al fin su madre hubo de prometerles que las dejaría vengarse, pero a condición de que fuese el último día de su permanencia en el país.

-Antes hemos de ver qué tal se portan en las grandes maniobras; si lo hacen mal y el general les traspasa el pecho de un picotazo, entonces los chiquillos habrán tenido razón, en parte al menos. Hemos de verlo, pues.

- ¡Si, ya verás! -dijeron las crías, redoblando su aplicación. Se ejercitaban todos los días, y volaban con tal ligereza y primor, que daba gusto.

Y llegó el otoño. Todas las cigüeñas empezaron a reunirse para emprender juntas el vuelo a las tierras cálidas, mientras en la nuestra reina el invierno. ¡Qué de impresionantes maniobras! Había que volar por encima de bosques y pueblos, para comprobar la capacidad de vuelo, pues era muy largo el viaje que les esperaba. Los pequeños se portaron tan bien, que obtuvieron un «sobresaliente con rana y culebra». Era la nota mejor, y la rana y la culebra podían comérselas; fue un buen bocado.

-¡Ahora, la venganza! -dijeron.

-¡Sí, desde luego! -asintió la madre cigüeña-. Ya he estado yo pensando en la más apropiada. Sé donde se halla el estanque en que yacen todos los niños chiquitines, hasta que las cigüeñas vamos a buscarlos para llevarlos a los padres. Los lindos pequeñuelos duermen allí, soñando cosas tan bellas como nunca mas volverán a soñarlas. Todos los padres suspiran por tener uno de ellos, y todos los niños desean un hermanito o una hermanita. Pues bien, volaremos al estanque y traeremos uno para cada uno de los chiquillos que no cantaron la canción y se portaron bien con las cigüeñas.

-Pero, ¿y el que empezó con la canción, aquel mocoso delgaducho y feo -gritaron los pollos-, qué hacemos con él?

-(...). Tendrá que llorar porque le habremos traído un hermanito muerto; en cambio, a aquel otro muchachito bueno -no lo habrán olvidado, el que dijo que era pecado burlarse de los animales-, a aquél le llevaremos un hermanito y una hermanita, y como el muchacho se llamaba Pedro, todos ustedes se llamarán también Pedro.

Y fue tal como dijo, y todas las crías de las cigüeñas se llamaron Pedro, y todavía siguen llamándose así.


Las Cigüeñas. Hans Christian Andersen.

 

Para trabajar el texto:

¿De dónde era Hans Christian Andersen?

Andersen era un escritor danés conocido por sus cuentos infantiles.

¿Por qué crees que se ha relacionado la cigüeña con el nacimiento de los niños?

Según el folclore europeo la cigüeña es la responsable de traer los niños a sus padres y está asociada con la buena suerte. La leyenda es muy antigua pero fue popularizada durante el siglo XIX por el cuento de Andersen. Su plumaje blanco que representa la pureza, el emplazamiento de los nidos frecuentemente en las construcciones humanas, su comportamiento reproductor -símbolo de cuidado paterno y materno-, el hecho de regresar a los territorios europeos de cría en primavera cuando comienza la vida, así como su consideración en general como ave beneficiosa (al alimentarse de culebras y ratones) han jugado probablemente un papel en todo ello.

¿Cómo es el comportamiento reproductor de la cigüeña blanca? ¿Quién construye el nido, incuba los huevos y alimenta a los polluelos?

El ave es generalmente fiel al nido que reconstruye cada año con ramas y barro. Es criador monógamo pero, en contra de la idea extendida, no se empareja de por vida. Macho y hembra construyen el nido que puede ser utilizado durante varios años. Los dos adultos hacen turnos para incubar los huevos (unos cuatro) y ambos se encargan de la alimentación de los polluelos.

¿Qué refranes, adivinanzas o canciones conoces con la cigüeña como protagonista?:

 - Por San Blas la cigüeña verás y si no la vieres año de nieves. Uno de los refranes más conocidos, si bien ha perdido en gran medida su vigencia. Desde los años ochenta se ha constatado un incremento de la presencia invernal.  

- Por San Juan las cigüeñas a volar.

- Silencio ranas, que la cigüeña está en el charco.

- Es blanca como la nieve, es negra como el carbón, las patas como una vela, el cuello como una hoz.

- En alto vive, en alto vuela, en alto toca la castañuela.

  ¿Cuál es el significado de la palabra “crotorar”?

Dicho de una cigüeña: Producir el ruido peculiar de su pico (diccionario de la RAE). Popularmente: "machacar el ajo".

   ¿De qué color es el pico de los ejemplares adultos?

Los adultos tienen el pico y las patas de color rojo.

 

 

Lecturas: Campo de Amapolas. Frank Baum.

Lecturas: Campo de Amapolas. Frank Baum.

 Campo de Amapolas (Papaver roheas).

  

"Caminaban escuchando el canto de los pájaros multicolores y mirando las bonitas flores que ahora parecían una alfombra, tan apretadas estaban. Había grandes pétalos amarillos, blancos, azules y púrpura, además de largas extensiones de amapolas escarlata, tan brillantes que casi cegaban a Dorothy.

—¿No son hermosas? —preguntó la niña, mientras aspiraba el potente aroma de las flores.

—Supongo que sí —respondió el Espantapájaros—. Cuando tenga cerebro quizá me gusten más.

—Si yo tuviera corazón, las amaría —agregó el Leñador de Hojalata.

—A mí siempre me gustaron las flores —dijo el León—; parecen frágiles y desvalidas. Pero en el bosque no hay ninguna tan brillante como éstas.

Ahora había más y más amapolas escarlata y menos y menos de las otras flores; y pronto se encontraron en medio de un enorme campo de amapolas. Y es bien sabido que cuando hay muchas de esas flores juntas su olor es tan poderoso que quien lo huele se duerme, y si no llevan al durmiente fuera del alcance del olor, continúa durmiendo para siempre. Pero Dorothy no sabía eso, ni podía salir del campo de brillantes flores que la rodeaba por todas partes, y pronto le empezaron a pesar los párpados y sintió que debía sentarse a descansar y a dormir.

Pero el Leñador de Hojalata no quería que hiciera eso.

—Debemos darnos prisa y llegar al camino de ladrillos amarillos antes de que oscurezca —dijo, y el Espantapájaros estuvo de acuerdo.

Siguieron entonces caminando hasta que Dorothy no pudo resistir más. Los ojos se le cerraron a pesar de todos sus esfuerzos, se olvidó de dónde estaba y cayó entre las amapolas, profundamente dormida.

—¿Qué hacemos? —preguntó el Leñador de Hojalata.

—Si la dejamos aquí, morirá —dijo el León—. El aroma de las flores nos está matando a todos. Yo apenas consigo mantener abiertos los ojos, y el perro ya se ha dormido".

El Mago de Oz. Frank Baum.

 

Para trabajar el texto:

 ¿Cuáles son los personajes principales que aparecen en el texto?

Dorothy, el Espantapájaros, el Leñador de Hojalata, el León.

 ¿Qué especies de amapolas conoces?

Hay numerosas especies de amapolas (Género Papaver), la más común es Papaver roheas, planta que crece frecuentemente en campos de mieses.

 ¿Qué propiedades tiene la adormidera y qué principios activos se obtienen de ella?. 

La adormidera (Papaver somniferum) es una especie de amapola de origen discutido, cultivada y naturalizada en casi todo el mundo. Los frutos de la adormidera producen un látex que constituye la materia prima del opio. Es muy rico en alcaloides, especialmente morfina, así llamado en alusión a Morfeo, el dios griego de los sueños. En Grecia la flor de la adormidera era atributo tanto de Hypnos como de Tanatos. Ovidio describe el Reino del Sueño como un "antro escondido delante del cual apunta un pujante campo de amapolas".

A diferencia de la adormidera, la amapola (Papaver rhoeas) es solo levemente tóxica, usándose las semillas y los pétalos con fines culinarios.


Envenenamiento con setas: la muerte de un experto

Envenenamiento con setas: la muerte de un experto

Amanita rubescens contiene hemolisinas termolábiles. Foto: ENABIO.

 

"Con las setas basta un solo error; la equivocación en la elección no da lugar a una segunda oportunidad, como no la tuvo aquel personaje al que autopsié, y cuyo levantamiento de cadáver me sorprendió. Era un hombre de edad mediana, con rasgos orientales, que apareció muerto en su casa sin que nadie hubiera tenido oportunidad de asistirle ni tratarle. Su domicilio correspondía al de un intelectual, pulcro, limpio, ordenado y con una rica biblioteca, en la que predominaban en varias lenguas, libros de botánica y que incluía una especial sección dedicada a las setas y hongos, todo un irónico conocimiento que no le sirvió de nada para evitar su muerte a causa de envenenamiento. Había ingerido un tipo de setas, cuyos restos encontré en su estómago junto a un cuadro hemorrágico difuso, de carácter hemolítico. Sorprendentemente, estos restos no se pudieron filiar, ni siquiera mediante los estudios microscópicos botánicos que se realizaron… Las muertes por setas que yo he estudiado solían tener todas un nexo en común: el de que los muertos eran todos unos expertos en su conocimiento.”

La muerte de un experto (Lo que me contaron los muertos). José Antonio García Andrade.

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