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La Montaña amenazada: Reflexiones de Eduardo Martínez de Pisón.

La Montaña amenazada: Reflexiones de Eduardo Martínez de Pisón.

 Parque Nacional Picos de Europa.

 

Seleccionamos aquí, por su extraordiordinario interés, artículos publicados por Eduardo Martínez de Pisón, catedrático de geografía física de la Universidad Autónoma de Madrid. Se cita la fuente en cada caso.

 

“La pérdida de la dignidad de los paisajes es la pérdida de la dignidad de las personas”.

 

 - “La conservación de nuestras cumbres, mediante figuras más o menos estrictas de protección legal, debe ir unida a una política de desarrollo sostenible en las zonas de montaña, basada en una perspectiva amplia e integradora. Es la mejor manera de cortar el paso a planteamientos menos respetuosos con los valores naturales y culturales de estos ecosistemas (…) Es conveniente afianzar e incluso ampliar los Parques Nacionales y Naturales de montaña. Lo ya existente es irrenunciable. Pero hay territorio con vocación de parques, aún no reconocidos como tales, y hay otros de segundo rango cuyos méritos naturales y paisajísticos merecen algo mejor. Los Parques Nacionales responden a una categoría histórica internacional en la que se inscribieron los nuestros desde su origen. Su red española debe aspirar a ser geográficamente coherente mediante una malla de elementos destacados de sus paisajes naturales, dotados de la máxima categoría administrativa y provista de unos instrumentos de conservación especialmente completos. Nuestras montañas mejores deben ser objeto de tales Parques o aspirar a ese rango. Sobre todo, porque es el mejor modo de garantizar su conservación. Hace más de dos siglos un ilustrado alemán escribía que para sentir plenamente algo que es bueno, pero que por hábito podemos estar indiferentes ante su presencia, deberíamos figurarnos que no existe. Que los hemos perdido. En lo que así nos importa, por encina cualquier desinterés abúlico o sin que falte un deseable sentido crítico, que no me es ajeno, habría que preguntarse, si no hubieran existido nuestros Parques Nacionales de montaña, en qué estado estarían los lugares que protegen”.

(Decálogo para proteger las montañas. Eduardo Martínez  de Pisón. Quercus 207. Mayo, 2003).

 

 - “Confieso que escribo esto con gran melancolía. Hoy he ido a decir adiós a un paisaje silencioso. No porque no pueda o no quiera volver a él, sino porque lo van a transformar. Y del tal modo que perderá esa calidad clara, pero tan difícil de definir, de lo que no está aún alterado. Otro lugar de montaña será desnaturalizado por la extensión victoriosa del modelo industrial de las estaciones de esquí. En el terreno, ya no paisaje, dominarán instalaciones, remontes, carretera y construcciones, que facilitarán el acceso a un uso vacío de contenido a rentables multitudes (…).

 En el fondo de este valle [Espelunciecha] he encontrado una tranquila manada de sarrios entre los neveros de primavera. Por el cielo pasa una bandada de Chovas a su aire, algo más lejos da giros majestuosos una pareja de buitres y muy alto, como le corresponde, vigila en mundo un quebrantahuesos. Entre las piedras y los prados salta un colirrojo y collalbas. Éste es su pequeño reino.

Los prados en la última primavera tenían narcisos y sobre las rocas grises resaltaban los fuertes colores de las prímulas. He visto gencianas más tarde, he gozado hoy con los crocus y los quitameriendas preotoñales y he comido arándanos mientras subía. Ando entre praderas, aguazales, rododendros, algún enebro y he reconocido, sobre las paredes del circo, el perfil de un pino negro al que he llegado a considerar un viejo amigo.

He atravesado gleras, torrentes, morrenas y rellanos. Hasta el pequeño islote en el lago otorga al paisaje una referencia de lo intocado. Todo es  reducido, cercano, completo. Todo está reunido en un compendio de los símbolos naturales y antiguos, cada vez más perdidos, del Pirineo.  Todo rezuma el don cada día más preciado de la naturalidad del paisaje. (…)

La experiencia me ha enseñado que no son suficientes unas correcciones, unos retoques de impacto ambiental, ni unas componendas menores en lo que es manifiestamente incompatible, en lo que todos hemos aprendido que no admite convivencias. A estas alturas sabemos de verdad que o domina lo natural o domina lo artificial. Es preciso pues pedir a quien corresponda que en el avance imparable de Formigal se tenga la generosidad de perdonar, de indultar a Espelunciecha. No se podrá decir que lo dejamos de advertir o que lo consentimos.”

 (Perdón para Espelunciecha. Eduardo Martínez  de Pisón. Quercus 214. Diciembre, 2003).

 

 - “Escribo ahora porque hay que levantar acta. El acta de defunción por Espelunciecha. Hemos dicho que a nuestro Pirineo le convenía extender la protección acantonar el deterioro. Lo que se ha hecho es justamente la inversa: ampliar el deterioro y acantonar la protección.

Espelunciecha está casi rodeada por espacios protegidos. Como un golfo, tiene al oeste el LIC del Anayet, al este la Reserva de la Biosfera de Ordesa-Viñamala y al norte, ya en territorio francés, el Parque Nacional de los Pirineos. Sólo por el sur limita con un lugar urbanizado, es la estación de esquí de Formigal. Por sus dos kilómetros de terreno podría haberse cubierto ese pequeño golfo de forma lógica con una figura cerrada de protección. Pero se ha elegido hacer lo contrario: lo que se ha extendido por él es la sombra del deterioro desde su límite con la estación y se ha acantonado la protección circundante a los lugares donde estaba ya marcada. Se acantona, en efecto, la protección. Y no sólo aquí, sino en más casos llamativos. La Reserva de la Biosfera está desactivada en la práctica y podría verse ante el bochorno de su próxima desclasificación por la UNESCO, porque el comité español del programa MaB no puede mantener esta ficción por más tiempo (…).

El deterioro se extiende no sólo aquí sino, como es sabido, en Cerler y en otras montañas. Recontemos los hechos y hagamos balance cualitativo de lo que cada día se supone ganado y de lo realmente perdido. El estado de un paisaje es un implacable espejo de los hombres que lo cuidan o maltratan. Tal vez alguien desde dentro del sistema debería pensar y planificar una opción más refinada, una alternativa más cultural para el Pirineo que su entrega progresiva a un tosco turismo de hierro, cemento y multitudes.”

(Acta de defunción por Espelunciecha. Eduardo Martínez de Pisón. Quercus 221. Julio, 2004).

 

- “La montaña ha guardado largo tiempo su soledad y, con ella, su papel de santuario natural con rostro también humano, sus ambientes retirados y la múltiple manifestación de la vida que albergan. Y la alta montaña ha sido el dominio de la roca, del hielo y la nieve en el silencio, con una fauna simbólica en escenarios intocados. Aquí queda aún en Europa occidental, suspendido en altitud, un espacio que merece ser preservado como un legado. El Pirineo es roca, torrente, bosque, espacio libre y de contundente belleza. Ese Pirineo es el silbido de la marmota entre las peñas y la silueta solemne del ave en el cielo, y es también casa y prado e incluso sala de estudio y de mapas, biblioteca y museo (…).

Pero las transformaciones recientes del paisaje del Pirineo aragonés han sufrido una intensificación, una extensión y una aceleración de tal acometividad, que parecen indicar un proceso de mutación que afecta a la misma calidad de la montaña.

Hoy es el turismo masivo, entendido industrialmente, con sus equipamientos crecientes, con su urbanización asociada, que artificializan y sustituyen sus paisajes, la mayor amenaza para el mantenimiento de la naturalidad del Pirineo. Si el aprovechamiento humano es también un “ecosistema”, éste ha mudado, es claramente invasor y dominante. Y, como consecuencia, allá donde llega se desvanece el rostro milenario de la montaña.

Todos los paisajes cambian, pero estas alteraciones entrañan pérdidas tan fuertes, que hacen necesario, por equilibrio indispensable, un incremento de la preservación del paisaje. Si no, los sueños se nos volverán pesadillas. (…)

El ascenso progresivo en busca de campos de nieve invernales cada vez menos persistentes hace trepar a las estaciones de esquí a cotas de alta montaña, con su invasión consiguiente y a veces ya tocan las altas aristas, es decir afectan a todo el desnivel montañoso hasta donde éste acaba en el aire.

Y entonces, todo lo que era terreno y vida aún naturales queda afectado en sistema interrelacionado, desde un suelo que se hace erosionable a la flora que es deteriorada, a una fauna que ve asaltado su último refugio, y, en suma, hasta la pérdida de la calidad espontánea del escenario. (…)

Nuevamente alguien está confundiendo el valor con el precio. Espelunciecha se ha convertido en un símbolo de la defensa y del deterioro de nuestra montaña. Pero, de hecho, hay más lugares en las montañas aragonesas que ahora mismo son también próximas “espelunciechas”.(...)

Habría que extender, por ejemplo, el Parque Nacional de Ordesa de modo suficiente como para unificarlo con el Parque Nacional francés y tender a hacer entre ambos un gran Parque Internacional Europeo de los Pirineos, como piden los tiempos que corren. (…)

El desarrollo económico entendido sólo desde su lado más duro requiere una corrección cultural constante. Y, si no se hace así, dejará de ser realmente “progreso” para convertirse en depredación.

El método de conocimiento y de sentimiento en estos paisajes es el contacto directo con las montañas. En él se adquiere un bien que sólo es accesible en esas condiciones: la conciencia moral de la naturaleza.Como decía Thoreau, pongamos los arroyos, los bosques y los vientos al servicio de ese noble fin. Y hagámoslo posible mediante la conservación del mundo en el trozo de él que nos toca vivir.” 

(Manifiesto leído en la Concentración de El Portalet. Eduardo Martínez de Pisón. 20-03-2005).

 

- “Cuando se ha recorrido el Pirineo a lo largo de una vida, en un paisaje que derrochaba calidad y armonía en sus aspectos físicos y humanos, cuando se han obtenido los datos que daban lugar a tan espléndidos valores nos hemos ido dejando impregnar por la sustancia de esta cordillera.

Cuando se ha unido la vida voluntariamente a la experiencia de estas calidades, cuando se han indagado, sorprendido, retenido y enseñado sus secretos a lo largo de más de medio siglo ya no se sabe qué es de uno lo que en la vida se contiene y lo que viene de fuera regalado.

Cuánto tengo de Pirineo en mí mismo, cuánto soy esta montaña. Cuánto de nosotros es el paisaje elegido.(…)

Cada vez que matan un átomo de esta belleza algo muere en nuestro interior para siempre. Cada vez que eso ocurre una ráfaga de tristeza, rabia y rebeldía nos sacude y quisiéramos tener durante un segundo el don que recobra lo perdido y devuelve a la montaña la grandeza anterior a su maltrato.

Hemos contraído así una deuda de fidelidad con estas peñas y estos ríos. Somos responsables de darles voz si sufren, de defenderlos si los atacan, de reanimarlos si los aturden, de lavarlos si los ensucian.

Una red de intereses que extiende su sombrío tejido por todos los suelos también ha llegado aquí rompiendo, desordenando y dejando malparados los lugares que eran intocables.

Esa red sigue extendiéndose por el territorio sin freno ni voluntad para ello en quienes podrían reconducirla. Hay quienes la fomentan y quienes la practican, quienes usan sus facultades para propagarla y quienes se benefician personalmente con ella, de un modo o de otro. Hay, pues, responsables. Económicos, políticos, sociales y culturales.

Este proceso ha atraído como el aroma de una presa a predadores diversos, ha introducido el interés por el dinero fácil y ha llevado consigo la sombra de la discordia.(…)

Por eso me reúno con vosotros, pese a no poder hacerlo materialmente, a través de una cuartilla. Por el conocimiento de lo que vale verdaderamente, por la pasión hacia esos valores y por la convicción de que es necesario decir aquí en voz alta lo que todos pensamos para espantar la duda, el falseamiento y el silencio.(…)

Esta será nuestra labor inmediata: demostrar con el caso concreto del Pirineo que podemos construir un patrón de futuro. Un patrón basado en el principio de que, hoy, el verdadero progreso sólo existe si está firmemente fundado en el respeto al legado cultural y a la naturaleza.

(El verdadero progreso. Manifiesto leído en la Concentración de El Portalet. Eduardo Martínez de Pisón. 19-03-2006).

  

- “Me refiero a la implantación de estaciones de esquí y su urbanización asociada en laderas pirenaicas y cantábricas, tan profundamente trastornadoras. Están nuevamente planteadas con la apariencia de un modelo de futuro.(…)

Aunque desde hace tiempo es conocido que el becerro de oro no es precisamente la ley de la montaña, esta versión del “precio del progreso” viene a ser como una renovación de aquella filosofía arbitraria del “mal necesario”, que no por aparentar lo adjetivo (la necesidad) dejaba de ser la aplicación de lo sustantivo (un mal).

 Una conocida novela comenzaba diciendo que “no había belleza alguna ni en el paisaje ni en los ojos del hombre que lo contemplaba”: ¿será éste el precio del progreso?.(…)

Yo he sentido aquí en más de una ocasión como algo propio aquello que apuntó el escritor Daudet, aplicado a un lugar particularmente querido que había sido mancillado. Escribía que prefería dejar pasar un tiempo antes de volver allí para permitir que sanara el paisaje dañado y se preguntaba con dolor si podría amar de nuevo aquella tierra herida y despojada. Hubiera deseado –añadía- enrollar los prados como alfombras, con los caminos, los atardeceres, recoger los estanques como si fueran espejos, hacer un ovillo con los arroyos en una bobina como se hace con los hilos de plata y encerrarlo todo cuidadosamente en un almacén a la espera de que pasase el agravio para después reemplazar en sus sitios los prados, los ríos y los bosques tal como eran antes del ultraje.(…)

Si casi todo parece en obras, todo está en amenaza de obras: pueblos, valles, caminos, canales de posibles aludes, tomas de agua, refugios. Entretanto no hay voluntad de corrección cultural. (…)

En nuestro diálogo con el mundo existe una relación moral. El paisaje es un producto del tiempo, revela lo que somos y, cuando los paisajes se eclipsan, se nos borran nuestras referencias y significados. Y, en ese acto de rebajamiento de calidad, se adquiere, hay que repetirlo, una grave responsabilidad.
Nunca más otra Espelunciecha. Hemos asistido aquí, inermes y desolados, a la desfiguración de un paisaje querido. Hemos aprendido mucho en esta batalla perdida; también hemos dejado en ella la candidez. Pero no el idealismo, que, al contrario, ha salido reforzado. No la fuerza para sostener nuestras razones, que no ha hecho sino aumentar. Tampoco la vigilancia, con el fin de estar alerta cuando ese modelo aciago quiere extenderse como una plaga por el Pirineo. Otra Espelunciecha nunca más.  

(Espelunciecha, nunca más. Manifiesto leído en la Concentración de El Portalet. Eduardo Martínez de Pisón. 18-03-2007).

 

 - “Lo que querían hacer ya lo han conseguido: han bloqueado en sus estrechos límites el único Parque Nacional de Aragón, han urbanizado todo lo urbanizable, han ampliado las estaciones de esquí derramándolas desde el perfil de las aristas a los valles vecinos y han logrado que incluso en alguna comarca pirenaica sea casi imposible ver un campesino trabajando en el campo. Aunque aún quedan escombros y urbanizaciones paradas a medio construir, detenidas por la congelación repentina del proceso, su llegada al ápice constructor y reconfigurador ha coincidido con los momentos en los que la dilatación desmesurada del globo inmobiliario ha reventado su propio tejido. (…).

Sabiendo esto, es mucho más enojoso ver cómo la aplicación del modelo imperante durante el último decenio, posiblemente tan lucrativo pero igualmente tan ciego para los valores ambientales y culturales, se ha llevado por delante tantas cosas que estimaba, porque objetivamente eran estimables. El Pirineo se merecía y requiere hoy otro trato. No se puede actuar en lugares así sin dar la talla, no se pueden aplicar los instrumentos burdos que se han utilizado ni conducir los procesos territoriales de cualquier modo para exclusivos fines rentabilistas, con orejeras para todo lo demás, jugando con el valor del suelo como si tal suelo fuera indiferente o similar al de un arrabal o al de un polígono urbano. No se puede actuar en lugar tan valioso en la cultura y la naturaleza del modo tosco en que se ha hecho, pues ni el paisaje es sólo territorio ni el territorio es sólo solar, ni este gran paisaje es, como se ha pretendido, meramente un gran solar. (…)

Sin embargo, todo indica que, pese a la terquedad de algunos políticos, gestores y promotores, este ciclo, que parecía una espiral sin límite, ha muerto. Pese a quienes quieren reactivarlo para proseguir su rendimiento, es un ciclo extinguido porque sus circunstancias externas se han hecho jirones. Es decir, que podemos o mejor debemos iniciar otro camino y no sólo distinto, sino opuesto, porque si fuera semejante podría ser hasta peor, ya que en ese trayecto que hemos experimentado no hay límite para lo nocivo.

Por tanto: propongamos un ciclo nuevo de respeto. Una voluntad de política de montaña desde la perspectiva de la naturaleza y la cultura, compatible con la prosperidad que nace de la unión de inteligencia y trabajo, nutrida de lo arraigado, en una montaña tratada como montaña, con todos sus valores y sus más equilibradas posibilidades. Propongamos una fase nueva de compatibilidades entre desarrollo, sociedad, naturaleza, cultura y paisaje, que rectifique los errores del trivial tratamiento periurbano que hemos soportado. Si diversos lugares del campo español están pasando de producir alimentos y materias primas a espacios de ocio urbano, aparte de no tratarse de una ley incontestable, tampoco es el único modo de conducirlo llenar los valles de cemento y de asfalto”

(¿El final de un ciclo de política de montaña en el Pirineo?. Eduardo Martínez  de Pisón. Heraldo de Aragón, 5-12-2009).

 

  - “Han pasado los años y ha ido creciendo en quienes poseen autoridad en ejercicio su dedicación al deterioro del Pirineo. En el proceso renovado en este aún breve milenio, Espelunciecha fue nuestra primera puerta de la ciudadela de la naturaleza pirenaica lealmente defendida y penosamente vencida.

Pero también se ha formado, entre tanto, una fuerte vinculación entre aquellos defensores (y vencidos) y otros nuevos, que ha ido renovando con persistencia un homenaje anual a ese valle, entonces perdido, con una ascensión a su ibón, y que finaliza con una reunión en el Portalet de aquellos que nos reafirmamos en nuestros principios de amor a estas montañas y en la voluntad de defender sus calidades. (…).

Espelunciecha es, así, por un lado, un recuerdo de lo que fue una dejación y un desmán, pero también es un símbolo para el grupo que lo deplora. Pese al paso del tiempo, aquí seguimos los de entonces, renovados, en las mismas idea y conciencia, aptas ahora para cualquier lugar.

Mientras tanto, algunos partidos políticos parece que hicieran carreras para ver quién puede estropear más el Pirineo. Unas veces con quimeras, otras con proyectos en marcha, dividiendo el Pirineo en dos: las pistas (deseadas) y lo que queda fuera de ellas (deseable), sólo considerado interesante para ser asimilado en el primer tipo. De este modo, dan por sentado o dicen explícitamente que el que está en las pistas es dócil y afín, y el que va por fuera indócil y disonante. Si uno de ellos apuesta por un valle de Castanesa esquiable, el otro lo hace por incluir Ordesa y su entorno en las Olimpiadas; si aquél potencia Formigal, éste reclama intensificar el deterioro por todo el Valle del Aragón. Que nadie se quede corto: “yo más” es la consigna. Lo que posee valor no vale por ese valor, sino lo que tiene precio por este precio.(…)

Pocos políticos se descartan de esta carrera nociva y hacen propuestas fundadas en contenidos responsables con los valores territoriales, es decir, de modos seriamente civilizados. (…)

Para la prensa, la radio y la televisión, tanto local como nacional, lo habitual es que no haya montaña sino estaciones de esquí, de tal modo que parece como si éstas se hubieran tragado a aquélla. Por ejemplo, donde esto escribo, todo el valle está entregado a los que llegan en los puentes invernales buscando ciudad en el monte y circulan en masificaciones repentinas y efímeras por carreteras locales como si fueran calles, por aparcamientos y colas como si estuvieran en ambiente ferial urbano, por telesillas, autobuses y trenecitos de disneylandia como si el lugar –en lo que un día fue mi Espelunciecha, entre tantos casos- fuera ahora un parque de esos que el turismo, con frecuencia cursi, llama temáticos.

Cuando se trata de realizar una transformación territorial severa en la naturaleza y en el paisaje de la montaña, por ejemplo para convertirla en esto que acabo de describir o para ampliar la áreas esquiables o para levantar la complementaria urbanización con sus reformas asociadas, no se plantea su obvio carácter incompatible con esa naturaleza y ese paisaje precedentes, se omite que la disyuntiva es o naturaleza o ciudad, pues ésta expulsa inevitablemente a la primera.

Entonces surge una expresión tópica, utilizada repetidamente por políticos de unos u otros partidos para cubrir con una dosis de aparente respeto ecológico sus verdaderas intenciones constructoras: “se hará la operación urbanística, aunque sin dañar al medio ambiente”. Podríamos hacer una larga antología de textos de la autoridad con el mismo estribillo, pues la venimos oyendo desde que empezó el último proceso transformador indistintamente por diferentes gobiernos y distintas oposiciones. No importa quiénes sean ellos, casi todos están en lo mismo. Sin embargo, en los casos a los que nos referimos, esa expresión equivaldría a decir algo tan incongruente y duro como: “mire, le vamos a matar, pero sin perjudicar a su salud”.(…)

En un relato de Mario Benedetti, un exiliado que pasaba sus días añorando los paisajes de su patria es visitado por un viajero que le dice: “si vuelves, ya no encontrarás lo que guardas vivo en tu memoria.

Esos paisajes ya no existen: todo es ahora andamios y escombros. Los paisajes no te han esperado, no han aguardado tu retorno. Ya no hay donde volver” ¿Es así también el futuro de nuestras montañas en las manos de quienes las manejan? Si de ellos fue y es la demolición, de nosotros fue y es la crónica. Como antaño, nos quedó al menos la escritura para revelar los hechos, esos tristes hechos. Poca cosa, salvo dejar constancia. Pero esto no fue suficiente ni ahora nos parece bastante. También tenemos propuestas y capacidad para luchar por ellas.(…)

 No hay o la nada o nosotros, como repite la empresa semipública “Aramón”: hay otra vía, competente, capaz, seria, generosa, fundada en la animación de los valores y no en la reanimación del deterioro. (…)

Aunque las fuerzas vivas –y tan vivas- estén en las antípodas de una defensa de estos valores, sabemos que éste es el momento de abordar definitivamente un proyecto integral, es la hora de una oferta europeísta que pasa de lo local a lo internacional, de una acción agrupada que se concreta en la consecución, tanta veces propuesta por nosotros, de un Parque Internacional de los Pirineos, por tanto transfronterizo, como un avance real de civilización en nuestro campo, que contribuya a eso que algunos llaman la construcción de Europa.

Esto es aún Espelunciecha años después, el significado de su mantenimiento: un paso adelante en la voluntad de conservación y un objetivo cada vez de entidad mayor hacia el que encaminar los pasos.

 (Espelunciecha, años después. Eduardo Martínez de Pisón. Desnivel. 6-04-2010).

 Leer más: Artículo completo Revista Desnivel. Abril de 2010.

 

 

 

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