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Cardón de Jandía (Euphorbia handiensis)

Cardón de Jandía (Euphorbia handiensis)

El cardón de Jandía (Euphorbia handiensis). Foto: ENABIO.

 

La isla de Fuerteventura es el lugar de España que tiene un mayor grado de aridez y alberga una gran riqueza de comunidades vegetales y especies de flora propias de estos hábitats. En la Península Ibérica hay otras zonas con ambientes áridos (caso del desierto de Tabernas en Almería), sin embargo, Fuerteventura lo es en mayor grado (60 mm anuales de precipitación media frente a los 250 mm de Almería, que es el máximo que se puede registrar en esta isla). La extensión de ambientes subdesérticos y la aridez tan acusada es lo que explica la existencia de un proyecto de declaración de Parque Nacional de Zonas Áridas de Lanzarote, sólidamente fundamentado.

La península meridional de Jandía es la más alta de la isla y también la más rica botánicamente. Al sur de pueblo de Morro Jable la región costera es muy desértica, siendo el hábitat de dos plantas muy raras: Euphorbia handiensis y la, sumamente interesante, Pulicaria burchardii.

El cardonal está básicamente constituido por el endémico cardón de Jandía (Euphorbia handiensis). Otras especies presentes en esta comunidad son el espino (Lycium intricatum), la rama (Salsola vermiculata) y la aulaga (Launaea arborescens). El cardonal puede entrar en contacto con tabaibales dulces o incluso con cardonales genuinos de Euphorbia canariensis. Se encuentra en el Barranco de Gran Valle, Barranco de Jorós, Barranco de los Escobones y Valle de los Mosquitos.

El cardón de Jandía, considerado símbolo vegetal de Fuerteventura, está incluido en el Anexo IV de la Ley 4/2010, de 4 de junio, por la que se regula el Catálogo Canario de Especies Protegidas con la categoría de protección especial; asimismo  está listado en el ANEXO II de la Ley 42/2007, de 13 de diciembre, del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad (Especies animales y vegetales de interés comunitario para cuya conservación es necesario designar zonas especiales de conservación), con el carácter de taxón prioritario.

 

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Cortinarius hercynicus

Cortinarius hercynicus

Cortinarius hercynicus en un pinar de silvestre y negral. Foto: ENABIO.

 

Esta especie se caracteriza por el sombrero violeta oscuro con el margen incurvado y cutícula aterciopelada, seca y opaca. Las láminas tienen este mismo color, virando luego a ocre ferruginoso. El pie, engrosado en la base, es fibrilloso-escamoso. Crece en bosques de coníferas a diferencia de Cortinarius violaceus que lo hace en planifolios. Es uno de los pocos cortinarius no considerados tóxicos.

 

Lecturas: A la izquierda del roble. Mario Benedetti.

Lecturas: A la izquierda del roble. Mario Benedetti.

 

Amor y naturaleza se dan cita en este precioso poema de Mario Benedetti referido al Jardín Botánico de Montevideo, conocido como Jardín Botánico Atilio Lombardo. Lleva el nombre de quien fuera su director y en  homenaje a su memoria se adoptó como icono identificatorio del mismo la flor del ceibo blanco (Erythrina crista-galli var. leucochlora), descubierta por el mencionado botánico, y que ha pasado a ser la flor nacional de Urugüay.

 

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero el Jardín Botánico es un parque dormido
en el que uno puede sentirse árbol o prójimo
siempre y cuando se cumpla un requisito previo.
Que la ciudad exista tranquilamente lejos.
El secreto es apoyarse digamos en un tronco
y oír a través del aire que admite ruidos muertos
cómo en Millán y Reyes galopan los tranvías.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero el Jardín Botánico siempre ha tenido
una agradable propensión a los sueños
a que los insectos suban por las piernas
y la melancolía baje por los brazos
hasta que uno cierra los puños y la atrapa.
Después de todo el secreto es mirar hacia arriba
y ver cómo las nubes se disputan las copas
y ver cómo los nidos se disputan los pájaros.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
ah pero las parejas que huyen al Botánico
ya desciendan de un taxi o bajen de una nube
hablan por lo común de temas importantes
y se miran fanáticamente a los ojos
como si el amor fuera un brevísimo túnel
y ellos se contemplaran por dentro de ese amor.
Aquellos dos por ejemplo a la izquierda del roble
(también podría llamarlo almendro o araucaria
gracias a mis lagunas sobre Pan y Linneo)
hablan y por lo visto las palabras
se quedan conmovidas a mirarlos
ya que a mí no me llegan ni siquiera los ecos.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero es lindísimo imaginar qué dicen
sobre todo si él muerde una ramita
y ella deja un zapato sobre el césped
sobre todo si él tiene los huesos tristes
y ella quiere sonreír pero no puede.
Para mí que el muchacho está diciendo
lo que se dice a veces en el Jardín Botánico
ayer llegó el otoño
el sol de otoño
y me sentí feliz
como hace mucho
qué linda estás
te quiero
en mi sueño
de noche
se escuchan las bocinas
el viento sobre el mar
y sin embargo aquello
también es el silencio
mírame así
te quiero
yo trabajo con ganas
hago números
fichas
discuto con cretinos
me distraigo y blasfemo
dame tu mano
ahora
ya lo sabés
te quiero
pienso a veces en Dios
bueno no tantas veces
no me gusta robar
su tiempo
y además está lejos
vos estás a mi lado...
(...)


No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero el Jardín Botánico es un parque dormido
que sólo despierta con la lluvia.

Ahora la última nube ha resuelto quedarse
y nos está mojando como alegres mendigos.

El secreto está en correr con precauciones
a fin de no matar ningún escarabajo
y no pisar los hongos que aprovechan
para crecer desesperadamente.

Sin prevenciones me doy vuelta y siguen
aquellos dos a la izquierda del roble
eternos y escondidos en la lluvia
diciéndose quién sabe qué silencios.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero cuando la lluvia cae sobre el Botánico
aquí se quedan sólo los fantasmas.
Ustedes pueden irse.
Yo me quedo.

 

  Mario Benedetti. Noción de Patria. 1963.

  

Amanita torrendii

Amanita torrendii

Amanita torrendii en el Encinar Monte Estébanez (León). Foto: ENABIO.

 

La especie, de ubicación taxonómica incierta, está incluida actualmente dentro del género Amanita, habiendo sido considerada hasta ahora como uno de los llamados gasteromicetes agaricoideos (Torrendia pulchella).

Esta seta se caracteriza por el sombrero de pequeño tamaño (entre 1-2 cm), sin láminas, con gleba formada por celdillas o lóculos blanquecinos en donde se encuentra el himenio. El pie es cilíndrico y alargado con presencia de volva en la parte inferior. Es muy delicada, de manera que sombrero y volva se separan y rompen con facilidad.

Aunque empezó a citarse en la Península Ibérica en ambientes mediterráneos del centro y sur, en los últimos años ha aumentado el número de citas en el norte peninsular. En la provincia de León aparece asociada a alcornocales y encinares.

Está incluida dentro de las 33 especies prioritarias a conservar en Europa por el European Council for the Conservation of Fungi (Convenio de Berna). Se distribuye por Portugal, España, Francia, Italia y norte de África.

 

Gymnopilus spectabilis

Gymnopilus spectabilis

Gymnopilus spectabilis creciendo sobre chopo. Foto: ENABIO.

 

Actualmente nombrada como Gymnopilus junonius, esta seta aparece en tocones de planifolios y menos frecuentemente en coníferas. También resulta común en plantaciones de eucalipto.

En Japón se conoce como “waraitake” que significa “hongo de la risa” por su capacidad para producir hilaridad incontrolada y sus propiedades alucinógenas. La especie es tóxica y presenta importantes variaciones en su contenido de alcaloides. En ejemplares asiáticos se ha detectado psilocibina, en los americanos sólo en algunos casos y en los europeos muy poco o nada. Según parece podría contener hispidina otro alcaloide presente también en el afiloforal Inonotus hispidus.

 

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Craterellus tubaeformis f. lutescens

Craterellus tubaeformis f. lutescens

Craterellus tubaeformis f. lutescens. Camposagrado (León). Foto: ENABIO.

 

El rebozuelo atrompetado o angula de monte (Craterellus tubaeformis f. lutescens) tiene un olor aromático y un sabor dulce y aparece formando grandes colonias en bosques de coníferas. Esta variedad de Craterellus tubaeformis se caracteriza por el himenio amarillo. Es una seta que no se agusana y que aguanta bien las heladas. Como todas las especies del género, es fácil de desecar, siendo esta la forma como se comercializa.

 

El silbo o jerbo (Prunus domestica) en León

El silbo o jerbo (Prunus domestica) en León

Silbo en el Monte San Isidro. Foto: ENABIO.

 

Un paseo por la Zona Natural de Esparcimiento del Monte San Isidro (León) permite que observemos en otoño, si el año ha sido propicio, la fructificación del serbal doméstico, conocido también como silbo o jerbo, una especie marcadamente vecera.

 Las hojas de este arbolito son muy parecidas a las del serbal de cazadores (Sorbus aucuparia), pero a diferencia de éste presenta los foliolos aserrados solo en los dos tercios superiores. Además, las yemas foliares son lampiñas y viscosas a diferencia de las pelosas de Sorbus aucuparia.

 El silbo (Sorbus domestica) se considera originario de la Europa mediterránea y ha sido cultivado desde la antigüedad. En la Península Ibérica se distribuye principalmente por la mitad oriental (de suelos calizos), con presencia asimismo en Castilla y León (Zamora, León, Palencia, Burgos y Soria), La Rioja y Álava. Actualmente su cultivo han sido abandonado, quedando sólo escasos árboles testigo en viejos viñedos tradicionales. Al ser un frutal semi-doméstico crece asilvestrado en los bordes de campos de cultivo.

 De forma natural aparece en los márgenes de bosques esclerófilos (Quercus rotundifolia) así como alcornocales, melojares y pinares de negral (Pinus pinaster).

 Las jerbas, serbas o silbas son muy astringentes (por la presencia de taninos) hasta que maduran por acción de una rápida fermentación enzimática, momento en que adquieren una coloración marrón y un sabor agradable. El carácter astringente de la jerba sin madurar es muy conocido, hasta el punto de que en Burgos se emplea el adjetivo “jerboso” para designar a cualquier fruto verde de sabor áspero. Para conseguir una maduración completa tradicionalmente se introducían las jerbas recién recolectadas entre la paja o el cereal, esperando a que fermentasen y se ablandasen. La época de recogida coincidía con la vendimia, llevándose los sacos de jerbas a graneros o pajares. Su madera es de extraordinaria calidad (como la del cerezo o el nogal).

 La dispersión natural de los frutos tiene lugar por mamíferos salvajes como zorros, garduñas, jabalíes y tejones. Si no los come un animal el fruto no germina.

 El silbo es muy escaso en León, encontrándose en muchas comarcas en peligro de extinción debido a varios factores: - se ha producido un abandono de su cultivo al no ser el fruto comercializable; - al tener una madera de excepcional valor, muchos ejemplares han sido cortados y no repuestos; -las concentraciones parcelarias han eliminado márgenes, lindes y ribazos en los que Sorbus domestica era más o menos común; - al cultivarse en las viñas, cuando estas se han transformado en cultivos de cereal, los árboles se han arrancado.

 Por esta razón es necesario inventariar los recursos genéticos de esta especie, catalogando con precisión los ejemplares de cierto porte (tanto silvestres como cultivados). Asimismo, sería conveniente crear semilleros de estos árboles.

 

Hydnum repandum

Hydnum repandum

La gamuza destaca por su himenio hidnoide. Foto: ENABIO.

 

 Hydnum repandum, conocida como lengua de vaca, de gato o gamuza fructifica en pinares, bosques mixtos de pino y haya, así como robledales y castañares. Esta especie ectomicorrícica es capaz de salir en invierno cuando en el monte han desaparecido el resto de las especies otoñales, resistiendo muy bien tanto las heladas como el ataque de los insectos. Es un buen comestible de joven, simplemente a la plancha, o en guisos y risottos.

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